sábado, 26 de abril de 2014

Ahí estaba, escondida bajo la neblina de mis lágrimas.


Mil veces me equivoqué. Otras tantas me encapriché con la persona equivocada. Cientos de noches llorándole y explicándole cómo me sentía. Ciento y una en las que ella me escuchaba, me prestaba su tiempo y me consolaba. Ciento y dos en las que yo volvía a caer en el mismo error.
Tantísimo tiempo culpando a la vida por quitarme aquello que yo hasta entonces creía que era mío, pero eran momentos que no te das cuenta que lo que se va es porque no es tuyo, que lo que nos corresponde de verdad es lo que vendrá o lo que tenemos enfrente, momentos por los cuáles pasamos todos en alguna situación de nuestra vida. Pero aunque sea tarde, acabamos madurando y comprendiendo todo. Y como al niño pequeño que llora porque no encuentra su juguete y no se percata de que lo tiene en las manos, igualmente yo no me di cuenta antes de que lo que tanto tiempo  estaba buscando, lo que tantísimo estaba llorando y machacándome a mi misma por no tenerlo, estaba escuchándome mientras yo me desahogaba y le reprochaba a la vida porqué merecía que otras personas se hubieran hecho pasar por eso y luego me hubieran lastimado.
Estaba ahí, llorando cuando yo lloraba, abrazándome cuando lo necesitaba, preocupándose cuando caía enferma.   Estaba ahí como el mismo reflejo de la luz evitaba que mis ojos pudieran verla.


2 comentarios:

  1. Hola guapa! muchas gracias por seguirme y por leerme! Ya te sigo yo también :)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Vuelvo a comentar para decirte que tienes un premio en mi blog.
      Un besito.

      Eliminar

Me hace mucha ilusión que me comentes y compartas tu opinión =). Gracias.