Y qué sería del cielo sin su sol
resplandeciente de cada día.
Y qué sería del cisne si no es
rodeado de patitos feos en la bahía.
Y qué sería de la Luna sin unos ojos
que la miran
Y qué sería de mí sin unas letras a
las que agarrarme y un bolígrafo cargado de tinta.
Y quién sabe de mi vida,
si no hay nadie que sepa bucear
ni ver tras las aguas que sueñan ser
nítidas
y que no pueden,
y que se mueren,
y que ellas mismas se ahogan
por no encontrar una salida.






