Era agosto. Día caluroso de agosto. Días de esos en los que el sol pica, pero tras una noche de llantos poco importaba eso. Había pasado una noche sin dormir, en el fondo de mi habitación llorando desconsolada. Aquella maldita canción me había hecho recordar demasiado. Me había hecho hundirme de nuevo, o mejor dicho, más aún de lo que ya estaba. Me había hecho zanjar temas que nunca jamás quería haberlo hecho. Pero todo tenía un significado. A la mañana siguiente, después de tanto tiempo, tú. Volvía la absurda decisión entre corazón y razón. Volvían los nervios, el corazón se aceleraba, no sentía las piernas...Mis dedos iban demasiado rápido como para teclear las letras del móvil. Me sentía idiota, después de tanto tiempo, después de todo lo pasado, me comportaba así. Por un instante pensé que le había estado importando durante todo este tiempo, que también pensaba en mí, en todo lo ocurrido, y que no había sido la única que le daba vueltas al tema. Quería volver a verme, quería hablar. Pensé que era una oportunidad y que no debía dejarla escapar. Desde ese instante, me sentí más ligera, me había quitado demasiado peso de encima, me sentía mejor.
Pasaron días. Días en los que no quería hacer nada, solo que el tiempo pasara rápidamente, que llegara ese momento. Y a día de hoy, abro los ojos y lo único que veo, lo ilusa que soy. Quizás todo fuera una prueba para ver mi reacción, mi actitud sobre todo aquel montaje.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Me hace mucha ilusión que me comentes y compartas tu opinión =). Gracias.