Ciertas casualidades de esta semana me llevaron a recordar sobre el pasado. Es cierto que aprendí sobre muchos errores y también es cierto que por suerte o por desgracia olvidé demasiadas tonterías que antes me corrompían el alma. Pero si hay algo en serio, es que sigo siendo la misma, con más años, con más lecciones aprendidas, pero con el mismo corazón.
He observado que aún tengo esa necesidad de alma gemela, o quizás el sentirme bien con las personas de alrededor me haga recordar que un día me dejé el alma por gente a la que quería. Lo daba todo. Era como si de pronto el destino me hubiera puesto alguien en mi camino para siempre. Alguien que jamás me fallaría, pasara lo que pasara ella estaría ahí, para bien, para mal... Y desgraciadamente fueron pérdidas de tiempo, aunque no del todo lo veo así, fueron experiencias, momentos vividos que quedaron recogidos en fotos, en canciones, en lugares por los que no puedes evitar recordar al pasar por ellos, o en un simple estado de Tuenti.
Es muy difícil pedir alguien que lo sea, porque directamente no es algo que se pueda pedir, sino que debe surgir. Pero más difícil es pasar tardes de cachondeo con una persona que te recuerda mucho, y te entra ese gusanillo de querer averiguar si realmente es quién de verdad merece hacer todas esas locuras que hiciste algún día por gente que no lo mereció.
Lo sé, nadie me entiende.
